El desarrollo del coche eléctrico y autónomo necesita todavía muchas inversiones, pruebas y experiencias. Ahí puede haber una oportunidad para una provincia como Teruel

El Heraldo de Aragón – 22 de febrero de 2019.- Será en 2040. Ese es el año que España ha elegido para prohibir la matriculación y venta de vehículos que emitan dióxido de carbono. Son solo veinte años por delante para que todo un país emprenda una reestructuración global de su parque móvil sin que, a nuestro entender, se haya evaluado bien si eso será realmente posible. Y esto lo decimos porque la decisión política adoptada afecta a un concepto de vehículo y de movilidad que conocemos cómo es ahora, pero que no sabemos a ciencia cierta cómo será en 2040. Así, durante los prácticamente veinte años que tenemos por delante hasta 2040, el automóvil va a experimentar tres grandes cambios que intentaremos explicar brevemente.

En primer lugar, el automóvil va a requerir una ingente producción de energía eléctrica renovable que, hoy día, no tenemos capacidad de producir. Además, la fabricación de los nuevos vehículos requiere minerales de gran escasez y nula reciclabilidad. Ni siquiera hay capacidad para fabricar baterías ante una posible demanda masiva.

En segundo lugar, el automóvil va a conectarse, es decir, va a requerir el acceso a redes de comunicaciones de muy alta capacidad que le permitan intercambiar información con otros vehículos o que le permitan acceder a determinados servicios pensados para la satisfacción y, sobre todo, para la seguridad de los usuarios. Hoy día, no disponemos de las infraestructuras necesarias para garantizar ni la fluidez de esas comunicaciones ni la cobertura necesaria en toda nuestra geografía.

En tercer lugar, el automóvil va a automatizar su conducción. Poco a poco relevará a los conductores en cada vez más funciones, hasta un nivel tal en el que la intervención de la persona en la conducción no será necesaria. Será la realidad del ‘coche autónomo’, un coche que ‘aprenderá’, ‘pensará’ y ‘tomará decisiones’. Nuestros coches probablemente no serán nuestros, sino que pertenecerán a grandes empresas comercializadoras de movilidad. Los coches se equivocarán, cada vez menos, pero se equivocarán –tal y como ya ha ocurrido– y provocarán daños. Ahora mismo no sabemos quién –o qué– responderá penal o civilmente cuando esa máquina que aprenda, piense y ejecute sus propias decisiones cause daños personales o materiales. Los expertos en leyes reflexionan sobre la posibilidad de crear una personalidad jurídica para los sistemas dotados de inteligencia artificial, pero ahora mismo –generando gran preocupación en el sector asegurador– no es posible evaluar en términos económicos el potencial riesgo que puedan generar los vehículos ‘inteligentes’.

Debemos ser conscientes de que ese automóvil del futuro que se nos vende en los medios de comunicación todavía se enfrenta a importantes barreras tecnológicas que es bien seguro que, poco a poco, se irán superando y permitirán avanzar hacia conceptos de vehículos limpios, sostenibles y seguros. El camino será duro pero la apuesta tecnológica está ya hecha.

Pero creemos que lo que realmente debe preocuparnos es que nuestra sociedad no tiene capacidad para introducir estos nuevos conceptos de vehículo y deberíamos prepararnos para hacerlo, erigiéndonos incluso en ejemplo para otros países. ¿Y qué necesitaríamos para empezar a trabajar en ese empeño? Tres cosas básicas:

  • La primera, una red de carreteras poco transitadas, en la que los fabricantes puedan empezar a hacer que sus vehículos recorran cientos de miles de kilómetros para probar nuevas tecnologías, para recabar datos, para tener retroalimentación de los usuarios, para aprender a desplegar redes de cargadores, para aprender a generar energía de forma distribuida, para ‘adiestrar’ prototipos de conducción automatizada,…
  • La segunda, recintos cerrados al tráfico para realizar pruebas de mayor riesgo en condiciones de máxima seguridad.
  • La tercera, mucha materia gris. Equipos multidisciplinares de ingenieros, abogados, economistas… que empiecen a especializarse en las nuevas tecnologías del transporte y en los nuevos conceptos de movilidad, así como en tecnología que nos haga menos dependientes de los recursos escasos y permita mayor reciclabilidad.

Dicho en otras palabras, necesitaríamos tres cosas que ya tenemos, tales como son la provincia de Teruel, el complejo de Motorland y los jóvenes titulados en nuestras escuelas y facultades. Deberíamos ser inteligentes y convertir este problema global en una oportunidad para liderar la transición hacia el futuro.

Juan José Alba es coordinador del Grupo Vehivial de la Universidad de Zaragoza
Carlos Arregui es director de Centro Zaragoza
Luis Soriano, decano del Colegio Oficial de Ingenieros Industriales de Aragón y Rioja

Compartir en redes sociales