14/03/2021.- LA INFORMACIÓN – Fábricas que producen coches de 40.000 euros se hayan visto obligadas a parar por la falta de este pequeño componente con un precio que en algunos casos no alcanza ni siquiera el euro.

Una pieza minúscula ha puesto en jaque a la economía mundial. Tanto como para que fábricas que producen coches de 40.000 euros se hayan visto obligadas a parar por la falta de este pequeño componente con un precio que en algunos casos no alcanza ni siquiera el euro. Con la globalización y sus externalizaciones hemos topado de nuevo… pero ahora, en medio de una pandemia mundial. Están en todas partes y en los últimos 50 años los semiconductores han permitido la revolución tecnológica en mayúsculas.

Su demanda se ha disparado con el gran confinamiento y ahora los productores no dan abasto. En mitad de la mayor recesión en tiempos de paz, las ventas mundiales de chips aumentaron el año pasado un 6,5% hasta los 439.000 millones de dólares (algo más de 366.700 millones de euros), según los cálculos de la Asociación de la Industria de Semiconductores (SIA, por sus siglas en inglés).

Las restricciones y confinamientos han traído mucho más teletrabajo y ocio digital del que hubiéramos podido imaginar, disparando la demanda de electrónica de consumo hasta cotas no vistas– y con ello la de semiconductores-. Ahí tenemos una primera explicación de lo que ha sucedido. En el cierre de las fábricas asiáticas a comienzos del año pasado para controlar la expansión del virus –y más tarde en las del resto del mundo- tenemos la segunda. Esas plantas fueron tirando de stock hasta que la producción volviese a coger ritmo y lo agotaron.

El problema es que la fabricación de chips requiere de una inversión muy elevada, es un mercado con mucha propiedad intelectual, una alta especialización y en el que hace algunas décadas, Europa y EEUU optaron por hacerse fuertes en el diseño de chips y externalizar la producción hacia países que podían fabricarlos mejor y más barato: los asiáticos. César Franco, vicepresidente del Consejo de Ingenieros Industriales, explica que por ello EEUU ha pasado de una cuota de producción entre el 35 o 40% del mercado mundial en los años 90 a representar ahora apenas un 12%.

Las compañías tienen que hacer inversiones milmillonarias de forma recurrente. Cuando una generación de chips llega a su fin, la planta que los fabrica y que tanto costó levantar se queda obsoleta. Taiwán y Corea del Sur dominan de lejos el sector de los semiconductores a nivel global. Se calcula que entre las dos ostentan más del 70% de la producción de chips global. Los dos mayores fabricantes son la taiwanesa TSMC (Taiwan Semiconductor Manufacturing Company) y la coreana Samsung Electronics.

El ‘golpe’ al sector del automóvil

En este reparto de papeles Estados Unidos sigue siendo relevante en términos de diseño (IntelQualcomm o Nvidia…) y Europa también, aunque se ha quedado algo atrás. En el caso del Viejo Continente nuestro fuerte está en el conocimiento muy especializado en campos como el de la automoción. ¿Por qué la industria del automóvil ha sido la más afectada por esta crisis? Tiene que ver mucho con el modo de operar que tienen las fábricas de coches, el conocido como ‘just in time’. Un concepto que revolucionó la industria, que le ha permitido crecer exponencialmente, pero que en esta crisis le ha jugado una mala pasada.

Las fábricas de automóviles tuvieron que echar el cierre por los confinamientos y la demanda de vehículos se hundió a partir del primer trimestre, por lo que la industria dejó de adquirir semiconductores. A partir del tercer trimestre, a medida que fueron levantándose las restricciones, las ventas de coches se recuperaron con más fuerza de lo previsto. El problema es que la demanda de productos de electrónica sin precedentes llevó a sus fabricantes a adquirir los chips que les correspondían y a suplir la demanda de la automoción.

El sector del automóvil norteamericano fue uno de los primeros en advertir sobre las graves repercusiones que tiene esta derivada de la crisis económica. Gigantes como General Motors y Ford se han visto obligadas a reducir la producción o a parar la actividad en varias de sus fábricas. No han sido los únicos y el problema ha llegado también a España.

Figueruelas ha conseguido retomar la producción normal de unos 2.000 coches a diario tras haber tenido que parar durante una semana el último mes. La planta de la localidad zaragozana que pertenece al grupo Stellantis (surgido de la fusión de la francesa PSA y Fiat Crhysler) da empleo a 5.700 personas, y cerró el año 2019 -previo al estallido de la crisis de la Covid- como la segunda planta española con más vehículos fabricados (391.000), solo por detrás de Vigo (casi 500.000 unidades).

Rubén Alonso, presidente del comité de empresa de Opel PSA en la planta aragonesa teme que los problemas puedan repetirse ahora que la producción lleva meses en niveles prepandémicos y por eso considera que la industria deberá dar una pensada a su modelo. Figueruelas no ha sido la única fábrica afectada. La de Ford en Almussafes (Valencia) ha echado el cierre durante 14 días completos entre febrero y marzo. Además, 600 trabajadores se han visto afectados por un Expediente de Regulación de Empleo el resto de días laborales del periodo de forma rotativa. Una medida similar a la que aplicó desde enero la fábrica de Seat en Martorell.

China y los efectos colaterales de la guerra comercial

Hay una tercera variable que favorece también la carestía de chips y tiene que ver con los efectos colaterales de la guerra comercial y tecnológica entre Estados Unidos y China. En pleno despliegue del 5G, Huawei hizo acopio de semiconductores para acumular reservas antes de que entrasen en vigor las restricciones comerciales de Estados Unidos.

Poco después, en septiembre la taiwanesa TSMC dejó de aceptar sus nuevos pedidos en respuesta a la regulación aprobada por el Gobierno de Trump -la que obliga a todas las compañías que utilicen equipamiento tecnológico estadounidense a solicitar una autorización para seguir haciendo negocios con empresas que, como Huawei, hayan sido consideradas una amenaza para la seguridad nacional-. Este factor y la escasez de chips ha supuesto un varapalo para la segunda economía del mundo.

Para Pekín el tema de los chips es estratégico en plena batalla tecnológica con su rival norteamericano. El país importa más semiconductores que petróleo y lleva tiempo reconduciendo su estrategia para tratar de reducir su dependencia de los semiconductores, como recuerda Alicia Gacría Herrero, economista jefe de Natixis para Asia Pacífico, y que pasa incluso por fichar para sus empresas a directivos de sus rivales en Taiwán.

Europa y el necesario paso al frente

Si el Gobierno de Xi Jinping no es capaz, a través del nuevo plan Quinquenal, de atajar su dependencia de los semiconductores extranjeros, esta crisis puede restar competitividad a los productos chinos, apunta Mario Esteban, investigador principal de Asia Pacífico del Real Instituto Elcano. Y dónde queda Europa en todo este problema. De momento en una posición complicada ante un mundo cada vez más bipolar en lo tecnológico, donde China y EEUU compiten por hacerse con la supremacía mundial, y donde otros países asiáticos lideran la tecnología de los semiconductores.

Catorce países de la Unión Europea, entre ellos España, Alemania y Francia, han emitido un comunicado en el que anuncian que emplearán parte de los fondos europeos de recuperación de la Covid-19, de los 750.000 millones del plan Next Generation, para impulsar esta industria en el Viejo Continente. En el otro lado del planeta, el presidente de EEUU, Joe Biden, ha puesto la maquinaria de la administración a trabajar para investigar la falta de suministro de cuatro productos clave: medicinas, baterías de gran capacidad y minerales esenciales… y semiconductores.

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