Capital Radio – 8 de enero de 2019.- El 4 de enero vine a redactar un artículo titulado “Realismo Informado” que, parece ser por las fechas, fue publicado como “Realismo mágico”. Artículo en el que venían a indicarse unos datos económicos que pretendían hacernos recapacitar sobre la definición de políticas económicas que refuercen la competitividad empresarial y aquellas inversiones productivas y de fomento de un empleo estable y de calidad, frente a políticas de incremento de gasto público y coste para las empresas y los hogares.

Más allá del movimiento literario y pictórico de mediados del siglo XX, llamado “Realismo mágico”, que venía a definir su preocupación e interés de mostrar lo irreal o extraño como algo cotidiano y común, con la finalidad de expresar una actitud frente a la realidad, no encontramos con un año 2019 de incertidumbre, tanto en lo político, con una actual falta de aprobación de los Presupuestos Generales del Estado y un año de periodo electoral o electorales, según transcurra, como en lo económico, en donde los analistas empiezan a hacernos vislumbrar su preocupación frente a datos e indicadores económicos que, ante todo, generan dudas en los inversores y en los mercados.

Y más allá de toda pretensión del artículo de expresar los indicadores como algo fantástico e irreal, sólo hace falta remitirse a la actual tendencia de la deuda privada y la pública desde el 2007 hasta la actualidad, principios del 2019, para observar y ser conscientes en qué situación nos encontramos y hacia donde nos podemos ver abocados.

Si nos fijamos en el indicador de la deuda pública, desde el 2007 al tercer trimestre del 2018, esta ha crecido un 62,70%, del 35,60% al 98,30% del PIB. Dato que hay que contemporizarlo con el crecimiento del PIB que, en el periodo 2007 al 2017, se incrementó en un 7,33%.

Frente al comportamiento de la deuda pública se encuentra el de la deuda de las empresas que, gracias a la actual situación de tipos de interés, cayó de los 1.296.105,2 M€ del 2008 a los 894.130,6 M€ en el 2017, es decir, una reducción del 38,7% en dicho periodo. Comportamiento similar al de la deuda de los hogares, que se redujo, en el periodo 2008 al 2017, en 203.770,6 M€, es decir, un 22,9%. En conclusión, el comportamiento de la deuda privada, al contrario que la pública, ha pasado, en ese periodo, de un 199% a un 137,3%, contabilizando la de los hogares y la de las empresas, ubicándose cerca del 133% que nos fue impuesto por la Comisión Europea.

Recorte de deuda que depende, para seguir produciéndose y entre otros factores, de la capacidad de crecimiento económico previsto y de la contención de los costes, tanto públicos como empresariales.

Con relación al primero, el crecimiento económico, se vislumbra en la actualidad un cambio de tendencia con un menor crecimiento esperado para el 2019, del 2,3%, frente a una media, del 2015 al 2017, del 3,23%. Hecho que ya viene manifestándose puesto que, en términos de PIB en variación interanual, en el 2018, el crecimiento fue del 2,57% de media, habiéndose contabilizado un descenso del 0,67% en relación a la media del periodo comprendido entre el 2015 del 2017.

Con relación a los gastos, para explicar la situación podemos remitirnos, entre otros, a los datos demográficos y sociales para vislumbrar una necesidad de incremento del gasto público. Como ejemplo, el coste de las pensiones, en donde la sostenibilidad del actual modelo depende, no sólo de la variable demográfica, es decir, de la ratio cotizantes/jubilados, que se ha situado en el 2,28 en el 2018, y cuyo coste ha pasado de los 7.918,05M€, de enero del 2014 en donde se contabilizaban 9,14 millones de pensiones y una pensión media de 864,92€, a 9.287,27M€ en noviembre del 2018, donde se contabilizaron 9,67 millones de pensiones y una pensión media de 959,91€. Sino, consecuentemente a los ingresos provenientes de las cotizaciones laborales en donde, habiendo vuelto el número de cotizantes a ratios del 2007, 19.024.165 afiliados, también es cierto que el número de contratos fijos es mucho menor que en el 2007.

Costes que, además, deben tenerse en cuenta no sólo con relación al nivel de jóvenes, entre 16 y 29 años, que no se han incorporado al mercado laboral y que ni estudian ni trabajan, contabilizándose en algo más de un millón, sino, conjuntamente, con el gasto social que hemos de afrontar por el reto, que ya es presente, del envejecimiento poblacional, puesto que, en los próximos años, la población mayor de 65 años aumentará un 66,5%, con lo que duplicará su peso relativo sobre el total de la población, pasando del 17,7% actual al 33,4%, pudiendo ser una consecuencia directa un aumento del coste sanitario.

Pero no sólo el gasto se va incrementar en el sector público, las empresas se enfrentan, entre otras, a tres variables de incremento de costes motivadas porcostes energéticos, puesto que el precio medio anual de la electricidad del 2018 se situó en 58,2 €/MWh, un 12% más que un año antes y un 28% superior al de países como Alemania; posible incremento de costes de financiación, con posible subida de tipos de interés en el 2019 por parte del BCE; y un aumento del coste laboral, puesto que se ha fijado no sólo aumento salarial previsto del 2% fijo más 1% variable en el sector privado sino, debido a políticas públicas, a un incremento del 22,3% del SMI respecto al pasado año 2018. Costes que perjudican directamente la competitividad de las empresas, la capacidad de inversión y de adecuación a un mercado digital, así como a su capacidad de contratación.

A nivel familiar, nos veremos abocados, independientemente al aumento de salarios, a una previsible pérdida de renta disponible debido a la subida del IPC; de los tipos de interés, que afectará directamente a las hipotecas variables referenciadas al Euribor; al aumento previsto de precios de los carburantes, al igualarse el impuesto especial de hidrocarburos; a la subida de tarifas de taxis y de precios de billetes de media distancia; a la posible subida de impuesto en las primas de seguros del 6 al 9%,… pudiendo tener, todas estas variables, una repercusión inmediata sobre el consumo.

Hechos o datos que, más allá de las pretensiones del movimiento literario y pictórico de mediados del siglo XX, pretenden exponerse para mostrar lo real y actual sin pretender que se convierta en algo cotidiano y común frente a la situación que podemos empezar a vivir a partir de este 2019, con datos que siguen el curso lógico del tiempo y sin ruptura de planos temporales ni la utilización de tiempos invertidos.

Salvador Puigdengolas, Decano del Colegio Oficial de Ingenieros Industriales de la Comunitat Valenciana

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