Septiembre es un mes de bienvenidas, un mes para celebrar nuevos proyectos e ideas,  y pese a que la excepcional situación que estamos viviendo impide una presentación en la que poder ver caras amigas, Jesús Rodríguez Cortezo, ex presidente del Consejo General de Colegios Oficiales de Ingenieros Industriales, que ha publicado el libro Tecnología ¿para qué? , nos invita a leerlo introduciéndonos con las siguientes palabras:

El libro comienza con una frase que me ha perseguido a lo largo de bastantes años: Enfrentarse con el concepto de tecnología exige, como primera condición, tomar distancias con la percepción que actualmente se tiene de él. Después de una vida profesional dedicada a la tecnología y vivida en ambientes de intenso contenido tecnológico, no sé si esta conclusión es lúcida o sencillamente absurda, pero sí que me obliga a desarrollarla de alguna manera. Y eso es lo que intento en este volumen.

La preocupación constante es el desconocimiento generalizado por parte de una sociedad de lo que hay detrás de esos bienes tecnológicos que utiliza constantemente en su cotidianeidad. Unos bienes tecnológicos sobreabundantes, de fácil acceso y utilización, de los que se ignora el mundo de complejidad que los hace posibles. Sólo esa ignorancia explica el desapego de la ciudadanía y de los políticos que la representan respecto a los esfuerzos en investigación y desarrollo y las políticas prioritarias que debieran aplicárseles. Por supuesto, no se está hablando sólo, ni en primer lugar, de  políticas presupuestarias, aunque también de éstas.

La sociedad intensiva en tecnología en la que vivimos no surge de la nada, ni de la iluminación de impulsos geniales, sino de una evolución en la historia de la humanidad, una evolución que conviene conocer, con sus puntos de ruptura, el más significativo de los cuales es la sustitución de las fuentes de energía naturales (viento, agua y músculo) por el vapor en la revolución industrial de finales del siglo XVIII.  A partir de ahí, todo se acelera y se hace más complejo. Pero, al mismo tiempo, esa complejidad real ha venido acompañada de unas interpretaciones simplistas que se pueden resumir en la palabra progreso. Un progreso material al que se remite todo y que enmascara el mundo de oportunidades que el conocimiento aplicado estaba abriendo.

Jesús Rodriguez Cortezo

En el origen de este libro está la reflexión sobre la inmensa riqueza de posibilidades que ofrece el desarrollo actual de la tecnología a una sociedad basada en su protagonismo. La primera consecuencia de tal reflexión es la necesidad de desacralizar la idea que se tiene de la tecnología y recuperar su carácter instrumental.  Como instrumento, puede servir a unos u otros fines sociales, muy diversos entre sí como los hechos y la historia ponen de manifiesto, constatación que conduce a preguntarse sobre los criterios de su utilización en las sociedades actuales.

La observación de los espectaculares logros en los más diversos terrenos y de las innumerables ventajas que ha aportado la aplicación del conocimiento a los humanos no impide tomar conciencia de la agudización de las desigualdades entre unas sociedades y otras, e incluso en el interior de las más evolucionadas, así como de la capacidad de destrucción acumulada, y en parte utilizada ampliamente, que esa aplicación ha conllevado.  No parece absurdo, pues, proponer la apertura de un legítimo debate sobre la forma en que se están utilizando las capacidades y potencialidad  de la tecnología y las posibilidades de analizar la conveniencia de generar alternativas a tal forma de utilización.

Por supuesto, no parece necesario decirlo, esta reflexión que se reclama está en las antípodas de cualquier clase de paraíso perdido. Nada más ridículo que las críticas al avance del conocimiento aplicado realizadas desde posiciones tan interesadas como reaccionarias. A lo largo de los siglos XIX y XX se han multiplicado tales críticas desde baluartes religiosos y políticos que en el fondo no eran más que defensas a ultranza de poderes constituidos. Aún en la actualidad se ven estas posturas, por ejemplo en relación con la genética o con el renacer del creacionismo, que producirían risa si no fueran tan peligrosas. Ni una línea se dedicará a ellas.

La reflexión y el debate que se propone serán una reflexión y un debate basados en el conocimiento. Un conocimiento que es un bien en sí mismo, pero que no es portador de valores. Los valores se los asignan los hombres y las mujeres que lo aplican. Este tipo de reflexión es la que encontrará el lector, si es que algún lector hubiere, en estas páginas. Y va siendo hora de decir que simplificación, ingenuidad, e ignorancia también encontrará en ellas, porque el autor es consciente de sus limitaciones. Que se le perdonen y se ignoren en aras de su buena intención.

Resumiendo lo dicho hasta aquí, la línea argumental del libro es una reflexión que, partiendo de la recuperación del carácter instrumental de la tecnología, incida en el que debería ser su papel al servicio del bienestar de la sociedad y considere los desafíos que ello conlleva, para concluir en la propuesta de un amplio debate sobre estos temas. Para ello, se han reunido en este volumen cinco textos, heterogéneos entre sí, que pueden ayudar a la reflexión que se propone.

El primero y más extenso, que da título al conjunto, es un desarrollo del concepto de tecnología, situándolo en el primer cuarto del siglo XXI y relacionándolo con el vivir de los ciudadanos. Se echa la mirada hacia atrás para situar temas clave como la relación entre información y conocimiento o entre ciencia y tecnología, o para introducir ideas no evidentes, como la de incertidumbre. Sobre estas bases, se propone el debate anunciado más arriba.

El segundo  responde a la fascinación que sobre el autor ejercen tres figuras singulares del siglo XX: Kondratiev, Schumpeter y Freeman. Intentaron interpretar la realidad desde posturas poco convencionales y pusieron sobre el tablero mucho material para la discusión. A estas alturas sigue la polémica sobre la pertinencia, o no, de los ciclos económicos largos, pero nadie discutirá que es una polémica inteligente, que ayuda a comprender la realidad y que, sin ellos, no se hubiera producido. Menos discusión hay sobre los sistemas nacionales de innovación introducidos por Freeman, aunque en ocasiones esa falta de discusión no se materialice en la práctica.

El siguiente texto pretende ser un relato de cómo se ha llegado a la sociedad de la información en la que ahora se vive. Una sociedad de la información que puede parecer a los jóvenes, y a muchos no tan jóvenes, como algo natural y que, sin embargo, no lo es, sino que procede de un proceso histórico situado en el tiempo, con sus pasos adelante y atrás, y que en muchos momentos pudo tomar otros derroteros. Esta es una constante de todos los procesos de implantación de tecnologías, y se ha querido ilustrar con una de las que más nos afectan en nuestra vida cotidiana.

El papel de los poderes públicos en el desarrollo de la ciencia,  la tecnología y la innovación, siempre reclamado y no siempre entendido, es el tema del cuarto texto incluido. Se pretende ilustrar la evolución de las políticas públicas aplicadas a estos temas y su relación con la evolución de la política y la economía a lo largo de la segunda mitad del siglo XX.

Finalmente se  concluye con un epílogo situado en la actualidad de la pandemia del COVID 19 y de las previsibles, e incluso imprevisibles, consecuencias que  su paso por el planeta permite intuir.  Alejados tanto del estéril catastrofismo, como de un inane continuismo, el debate al que se debe este libro y que se reclamaba más arriba, parece más necesario que nunca.

Tecnología ¿para qué?  se ha publicado en  papel y en versión digital EPub y está disponible, además  de en su editorial, Visión Libros, en Amazón, Casa del Libro, Google, etc….

El autor

Jesús Rodríguez Cortezo, ingeniero industrial, ha realizado toda su vida profesional en el ámbito de la tecnología avanzada, tanto en el sector público como en el empresarial. Ha representado a España en foros internacionales, y actuado como consultor de Naciones  Unidas en algunos de sus programas, especialmente en América Latina. También ha jugado un cierto papel en las organizaciones representativas de la ingeniería española. Al mismo tiempo, su afición a la historia se ha plasmado en numerosos artículos y textos publicados a lo largo de más de cuarenta años y en algunos  libros sobre la transición española a la democracia, la desaparición de la URSS, o la consolidación de la corona de Castilla. También ha escrito y publicado sobre cine y literatura.

 

 

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