16 de febrero de 2019 – Economía 3.- Son malos tiempos para la lírica, tal como indicaba esa canción del pop de los 80´s del grupo vigués Golpes Bajos, y más para un sector empresarial como es el de nuestra industria, no sólo afectada por las tensiones geopolíticas sino, también, por políticas de cambios de modelo y expansivas en gastos y costes asociados, que contagian, entre otros, a subsectores tractores como el de la automoción y la energía, no haciendo más que sembrar incertidumbres sin vislumbrarse acciones más allá de un corto plazo imprevisible tanto en lo económico como en lo político.

Sectores expuestos a nuevas normativas, como la WLTP para el control de emisiones en vehículos; cambio de políticas de utilización de carburantes fósiles por otras fuentes de energía; y, dentro del sector energético, políticas de transición energética, medidas coyunturales para reducir costes, o políticas de incentivación de energías renovables y poco contaminantes, así como el fomento del autoconsumo. Acciones y normativas que perjudican, en esta economía circular, a todos los sectores y a nuestra economía de manera tangencial.

Los datos actuales empiezan a no ser buenos y hemos de ser conscientes de ello, porque a pesar de haber vivido una fase expansiva a nivel económico en estos últimos cuatro años, no hemos podido comprobar que se hayan acometido reformas estructurales que mejorasen la competitividad empresarial y apostasen por sectores de valor añadido que, ante momentos de crisis, diesen cierta estabilidad a la economía y no sufriéramos, tan profundamente, los vaivenes y tensiones geopolíticas.

Mucho hemos hablado durante todos estos años de la necesidad de apostar por la industrialización y la necesidad de una transformación hacia una economía digital que nos hubiera permitido alcanzar un 20% de aportación del VAB industrial al PIB en el 2020, así como una mejora de la productividad empresarial.

Objetivo, el del 20%, que se planteaba partiendo de un escenario de pequeña y mediana empresa que no ha evolucionado, puesto que, según datos INE del 2017, el 83,6 % de las empresas industriales tenían menos de 10 trabajadores, el 13,3% tenía entre 10 y 49 trabajadores y, estas pymes, proveían un empleo total del 41,9% del personal del sector con una facturación del 23,0% del total. Pymes que posicionaban su productividad en una media de 26.501 euros, para empresas de menos de 10, frente a ratios de la industria manufacturera, de 250 o más ocupados, de 85.293 euros, demostrándose que, en el caso de la productividad, el tamaño de la empresa sí importa.


Hitos del 20% que, en estos momentos, se encuentran muy lejos de poder ser alcanzados a pesar de que, en estos últimos años, y con ese tamaño de empresa, el peso industrial llegó a ser del 13,2% del PIB, sin contar el sector energético, que aportaba otros tres puntos aproximadamente.

Datos como el de la actividad industrial, que caía el 1,1% en comparativa entre el primer y último trimestre del 2018, y un desplome, en términos de variación anual corregida de la producción industrial, del 6,2% en diciembre del 2018. Cifras de descenso que, puestas en proporción, nos devuelven a datos del 2012, cuando nos encontrábamos en plena caída de la crisis económica que tocó fondo en el 2013. Hechos agravados por la pérdida de empleo en el sector, que si bien es cierto que es menos pronunciada que en otros, sí que debe hacernos poner las alarmas, ya que entre septiembre y diciembre se habrían perdido el equivalente a un 1,5% de sus empleos (datos INE) y un mes de enero que en cifras globales, dejó un balance negativo en el empleo con una bajada que no se daba desde el 2013.

No es momento de hablar de apocalipsis, de recesión o ponernos en plan catastrófico a esperar acontecimientos, son momentos de propuestas y acciones y, por ello, la Junta de Gobierno del Colegio Oficial de Ingenieros Industriales de la Comunitat Valenciana (COIICV) elaboró un documento de propuestas tangibles y alcanzables “Por una Industria fuerte en nuestra Comunitat”, que están siendo trasladadas a todas las fuerzas políticas que, con posibilidad de obtener representación en las Cortes Valencianas, nos quieran oír.

Documento que propone la implementación de políticas activas que intensifiquen la reducción de los desequilibrios de la economía valenciana, aumenten el empleo estable y de calidad, y reduzcan la desigualdad en la productividad siendo capaces de retener y acumular capital humano y tecnológico en la Comunitat Valenciana, con el fin de innovar y competir en mercados internacionales, en tres ejes vertebradores:

– Potenciar áreas y sectores industriales tractores de la economía valenciana, que les permita continuar siendo motor de nuestra economía y competir en un mercado global a través de la investigación, el desarrollo y la innovación.

– Creación de nuevo tejido industrial a través de una industrialización y el fomento de la transformación digital de nuestra economía.

– Creación de una mentalidad industrial, comenzando a sembrar, entre los más jóvenes y en un sector educativo que debe coordinarse con las necesidades sociales y empresariales de nuestros tiempos, resultando motivador para que los más jóvenes se acerquen a la ciencia, la tecnología, la ingeniería, el arte y las matemáticas.

El fin, alcanzar unos objetivos que se han expresado en el informe de forma clara, tangible y resultando alcanzables en planos no sólo de fomento de política industrial, sino, también, en ámbitos laborales y sociales, con acciones y propuestas a acometer desde las propias administraciones públicas y desde una acción empresarial coordinada.

En ello nos va, a todos juntos, nuestro presente inmediato.

Salvador Puigdengolas, Decano del Colegio Oficial de Ingenieros de la Comunidad Valenciana

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