• El coronavirus ha disparado la demanda de semiconductores y los fabricantes, que se concentran en Asia, no dan abasto
    • Muchas fábricas de automóviles han tenido que reducir su producción, pero el impacto se extiende a toda la industria tecnológica

RNE.- 01 de abril de 2021.- “Los chips están en todas partes, cuando hablamos por teléfono, cuando cogemos el coche, cuando encendemos un electrodoméstico, cualquier producto de los que manejamos a diario con un mínimo nivel de electrónica tiene por detrás un chip”, explica César Franco, decano del Colegio Oficial de Ingenieros Industriales de Madrid.

Estas pequeñas piezas están elaboradas con semiconductores, generalmente el silicio. Su demanda se ha disparado en los últimos meses como consecuencia de la pandemia, que ha impulsado el teletrabajo y la demanda de ordenadores o teléfonos móviles. Sin embargo, los fabricantes no dan abasto. La demanda de chips es ahora mucho mayor que la oferta.

La industria automovilística, de las más afectadas
Esta escasez de chips ha golpeado primero al sector del automóvil porque el desabastecimiento le ha cogido con el pie cambiado. Al principio de la pandemia, muchas marcas cancelaron pedidos de chips al prever una menor producción por las restricciones de movilidad.

Sin embargo, ahora que los necesitan deben hacer cola y esperar porque los fabricantes orientaron su producción a satisfacer las peticiones de la electrónica de consumo. Su problema es que trabajan con un esquema que reduce al mínimo las piezas almacenadas y han tenido que ralentizar su producción por la falta de chips. Las principales fábricas españolas han tomado medidas de flexibilidad laboral y varias han recurrido a un ERTE.

Sin embargo, la industria del automóvil no ha sido la única que ha sentido este terremoto. Foxcoon, el principal proveedor de Apple, reducirá sus entregas y Samsung ha reconocido que la falta de chips podría retrasar el lanzamiento de nuevos modelos de teléfonos móviles. Conseguir una videoconsola como la PlayStation 5 o determinadas tarjetas gráficos puede llevar meses.

También lo han notado algunas empresas españolas, como Premium, empresa especializada en fuentes de alimentación. Su CEO, Jordi Gazo, explica que la compañía puede atender a sus clientes, pero sufre “un aumento de los plazos de suministro. Componentes, como microcontroladores, que llegaban en 8 semanas ahora tardan más 20 y no los encuentras en los canales habituales”. Esto le ha obligado a contar con un plan B (y un plan C) que encarece sus costes.

Una planta de chips es más cara que una central nuclear
No se podrá solucionar esta falta de chips de la noche a la mañana. Xavier Ferràs, profesor titular del departamento de Operaciones, Innovaciones y Data Sciencie de la escuela de negocios ESADE, lo resume: “Es muy difícil montar una fábrica de semiconductores. Es un proceso extremadamente complejo y caro. Una planta moderna puede costar más que una central nuclear o más que el desarrollo de un portaviones”. Construir una de estas plantas desde cero necesita, como mínimo, un año y medio.

Aunque el diseño de los chips sí está más diversificado, en estos momentos la producción se concentra en Asia. Taiwán y Corea del Sur son los países que lideran el sector aunque el gigante taiwanés TSCM prevé construir una fábrica en Estados Unidos. Ahora Europa tiene entre sus planes impulsar sus propias plantas que produzcan chips.

“Lo que hay que hacer es invertir“

César Franco apoya la idea: “Lo que hay que hacer es invertir para que, a medio plazo, una parte de la producción la tengamos más cerca y así no dependamos tanto de Asia si una situación así se repite”.

Una idea que comparte Ezequiel Navarro, CEO de Premo, una empresa española que trabaja en componentes electrónicos para el sector de la automoción. Él cree que las empresas de semiconductores están focalizando la inversión en chips más avanzados y esto deja “espacio para crear una fábrica con menos coste, pero rentable” si se centra en chips de tecnología ya madura, pero muy demandados.

Es un proyecto que intenta impulsar la patronal tecnológica AMETIC, de la que Navarro es miembro. La asociación está impulsando la creación de un centro de innovación para el desarrollo de semiconductores en España

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