¿Es factible que una planta que ya haya parado o esté en proceso de desmantelamiento vuelva a operar? ¿Cuánto tiempo tardaría en hacerlo? ¿Qué consecuencias puede tener y cuáles podrían ser los riesgos?

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En plena crisis energética, agravada por la invasión de Rusia a Ucrania y las sanciones al Kremlin, el presidente francés, Emanuel Macron, ha anunciado un “renacimiento” de la energía nuclear en su país, en lo que supone un paso al frente para la política energética gala. Actualmente, el 70% de la electricidad que consume nuestro vecino proviene de esta fuente, pero su parque de nucleares ha envejecido de forma notable y París debía tomar una decisión al respecto de cara a las próximas décadas.

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Macron lo ha hecho en plena campaña electoral -la primera vuelta de las presidenciales se celebrará el próximo 10 de abril-, con vistas a poder cumplir una de sus grandes promesas: reindustrializar Francia, en otro viraje político provocado, esta vez, por los efectos de la crisis de la Covid y de la cadena de suministros. Para que ese plan sea factible, Francia apuesta por reducir su dependencia del gas ruso, que supone actualmente el 20% de su ‘mix’ energético.

En una Europa tocada por la elevada inflación y los quebraderos de cabeza energéticos, se ha reavivado el debate sobre si los socios deberían poner en marcha de nuevo las centrales inactivas, aprovechando además la reciente incorporación de esta fuente de energía a la taxonomía verde. ¿Es factible que una planta que ya haya parado o esté en proceso de desmantelamiento vuelva a operar? ¿Cuánto tiempo tardaría en hacerlo? ¿Qué consecuencias puede tener una medida de este tipo y cuáles son los riesgos? Sobre todos estos aspectos reflexionan Emilio Mínguez, experto en energía nuclear del Consejo General de Ingenieros Industriales, presidente de la Asociación de Ingenieros Industriales de Madrid y miembro de la junta de la European Nuclear Society -de la que fue presidente hasta el pasado mes de febrero-; y Fernando Ferrando, presidente de la Fundación Renovables.

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