El Comercio, 6 de septiembre de 2017 – Trabajando en la industria asturiana durante más de 40 años, con un periodo en el nivel ingeniero técnico y otro en el de ingeniero y siempre sin fisuras en la colaboración profesional, ni confusiones de en qué lugar debe estar cada cual para el mejor provecho de la organización, acudo a este titular como consecuencia de algunas declaraciones realizadas en el transcurso de las jornadas que dedicó la Feria de Muestras a la Ingeniería Técnica Industrial los pasados días 10, 11 y 12 de agosto, por parte de sus más altos representantes colegiales y que, como ya es habitual todos los veranos, sueltan perlas en sus discursos que dan lugar a titulares como ‘Algunos ingenieros siguen estancados en el siglo XIX’.

Esto general malestar entre los profesionales de los dos niveles de la ingeniería industrial, profesionales que siempre se han caracterizado por un aprecio mutuo y colaborativo en el desarrollo de nuestra región. En primer lugar, tengo que felicitar al Colegio de Graduados e Ingenieros Técnicos Industriales por estas jornadas y por sus ponencias, que han resultado mu y útiles para ofrecernos una visión real de la situación presente y futura de los sectores de la industria y la energía asturianas.

También debo dejar claro que siempre ha existido colaboración y buen entendimiento entre los ingenieros y los ingenieros técnicos a la hora de tirar del carro de la empresa, de la organización y, en definitiva, del futuro de la región. No obstante, lamentamos que el máximo representante de los ingenieros técnicos, presidente del consejo de sus colegios (don José Antonio Galdón), deje siempre un mensaje generador de malestares entre profesionales que siempre se han apreciado y colaborado fielmente , cada uno desde su cometido.

Toda la vida han existido dos profesiones que se respetan, procedentes cada una desde planes de estudios eficaces y complementarios, y así se han aceptado por la sociedad, las organizaciones, las empresas y los estudiantes, siendo estos últimos precisamente a los que más debemos clarificar estos conceptos, pues tienen que decidir aportar esfuerzo según la profesión elegida.

Es posible que en su momento los legisladores no hayan tenido gran acierto en introducir el calificativo de superior en uno de los niveles de la ingeniería, quedando de esta forma un nivel como ingeniero superior y otro como ingeniero técnico , pero, una vez aceptado esto, debemos pasar todos a utilizar las denominaciones de la realidad actual, que lo son para la ingeniería industrial y para todas las disciplinas de estudios reglados (nivel Grado y nivel Máster) y descartar nombres populistas como lo de ingeniero superior e inferior que nadie utiliza, excepto este señor, máximo representante nacional de uno de los niveles de ingeniería industrial (el de Grado) y que solo genera discordia entre los profesionales y lo que es peor confusión entre los estudiantes.

Leopoldo Espolita (ingeniero industrial jubilado)