Levante EMV, 11 de diciembre de 2016.- Por Miguel Muñoz Veiga

La pasada semana tuve ocasión de participar en Conama 2016, el Congreso Nacional de Medio Ambiente (Conama). Una cita bianual organizada en el Palacio Municipal de Congresos de Madrid, para abordar la necesaria transición a una economía baja en carbono, con representantes de administraciones públicas, empresas, emprendedores, comunidad científica, ONG afines, organizaciones políticas, sociales y sindicales y en general, los principales agentes sociales. Un congreso que, en su conjunto, se mantuvo alineado con la consecución de un reto que también hizo suyo la Ministra de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente (Mapama), Isabel García Tejerina, quien calificó la transición hacia una economía baja en carbono como irreversible además de necesaria.

 

Durante este congreso, al que fui invitado en representación del sector industrial, muy implicado y comprometido con el medio ambiente, tuve ocasión de compartir con los asistentes su visión -y la de sus empresas- sobre los aspectos esenciales que debería contemplar la futura Ley de Cambio Climático, desde el ámbito de la Industria, teniendo en cuenta la transversalidad de las actividades que deberá fiscalizar, entre ellas, la propia edificación. A la hora de abordar una legislación con esta finalidad, los asistentes coincidimos en la necesidad de identificar horizontes específicos que permitan descarbonizar cada sector a medio y largo plazo, comenzando por el sector eléctrico, e iniciar una transición hacia las energías renovables. Esta legislación, representante de esa primera revolución en marcha, deberá ordenar las medidas de lucha contra el cambio climático, lo que implica observar la Ley de Unidad de Mercado, evitando la competencia desleal en un mundo globalizado, proporcionando seguridad jurídica a inversores, CCAA y ayuntamientos. También deberá contar con el máximo rigor y el criterio de expertos que garanticen su adecuada aplicación, el compromiso de destinar medios humanos y económicos que eviten reducirse a papel mojado.

 

La segunda revolución en marcha será la que permitirá una transformación de los procesos productivos gracias a las nuevas tecnologías, la robótica, el «big data», el «internet de las cosas» o la impresión 3D. Un término recurrente que hoy día brilla con luz propia, basado en la puesta en valor de tecnologías para intercomunicar sistemas de plantas industriales y hacerlos accesibles desde diferentes ubicaciones y dispositivos. Su desarrollo supondrá importantes ventajas competitivas para la industria y sus sectores, cuyo desarrollo contará con un colectivo profesional tan relevante en la industria como el de los ingenieros industriales.

 

Regresando a la primera revolución, la ambiental, es un hecho que los esfuerzos realizados hasta la fecha no han dado los resultados esperados. Durante los últimos años, hemos contado con una política errática en la materia, continuada con la transposición de la Directiva Europea de Eficiencia Energética que se hizo tarde y mal, por lo que cabe exigir más rigor y que se vigile el cumplimiento de leyes que se aprueben y ejecuten, y no suceda como con el RITE (reglamento de inspección técnica de edificios) que establece un régimen de inspecciones periódicas que se incumple por falta de medios técnicos y humanos de quienes deben aplicar la norma en la Comunitat Valenciana.

 

Por ello, demandamos a los nuevos actores una implicación absoluta en la lucha contra esta problemática de cuya resolución depende la viabilidad misma del planeta. Factores como la transición energética, la importancia de la
innovación y sus efectos aplicados a la actividad industrial, el fomento de las infraestructuras verdes o la adecuada gestión del agua y los residuos, resultarán esenciales tanto para mejorar la calidad de vida como para desarrollar adecuadamente iniciativas legislativas vinculadas con los objetivos de este congreso como la Ley de Cambio Climático, iniciativas que en las que el colectivo al que pertenezco se encuentra implicado.

 

Miguel Muñoz Veiga, Decano del Colegio Oficial de Ingenieros Industriales de la Comunidad Valencia, y Vicepresidente del CGCOII