Empresas como PSA CitroënFord o Nissan están estudiando la incorporación de los exoesqueletos para asistir a los trabajadores en las líneas de montaje con el objetivo de prevenir lesiones musculoesqueléticas y minimizar la fatiga.

Los exoesqueletos han demostrado mejorar la calidad de vida de personas, permitiéndoles realizar actividades como volver a caminar o asir objetos. De acuerdo a marketsandmarkets.com, el mercado de los exoesqueletos está en auge, calculado en 104 millones de dólares en 2016, se estima que crecerá hasta los 2810 millones de dólares en 2023.

Sin embargo, su incorporación a los centros de trabajo todavía suscita ciertas incógnitas, ¿cuál es el impacto a largo plazo para el trabajador y para la empresa? ¿son efectivos para reducir lesiones musculoesqueléticas?

¿Qué es un exoesqueleto?

Un exoesqueleto es un dispositivo de asistencia que trabaja conjuntamente con el usuario para ayudarle a realizar una determinada tarea. Tiene dos aplicaciones principales: compensar el peso (de parte del cuerpo del usuario, de una herramienta o de una carga), o amplificar la fuerza del usuario.

En el ámbito laboral suelen utilizarse exoesqueletos pasivos (sin fuente de alimentación externa) que actúan distribuyendo la carga de zonas corporales susceptibles de lesionarse a otras zonas más fuertes. Su peso oscila entre los 3 y los 5 Kg y suelen colocarse como una mochila, ajustándose al cuerpo mediante correas.

Algunos ejemplos de exoesqueletos comercializados son Laevo, para la zona lumbarLevitate Airframe, para la zona de hombrosNoone para aligerar la carga en las piernas.

Siempre que se adapten perfectamente al trabajador y a la tarea, los exoesqueletos pueden ser excelentes alternativas. Compensan posturas forzadas debidas a la falta de espacio o mala accesibilidad (por ej. en soldadura o mantenimiento) o con los brazos continuamente elevados, como en el montaje de vehículos bajo caja.

Sin embargo, un exoesqueleto puede tener “efectos secundarios”: provocar rozaduras, calor, peso añadido, posturas no naturales, tensión, e incluso daños en otras zonas corporales.

Las 5 claves son:

  1. Solución “último recurso”

Un exoesqueleto es una solución paliativa, no elimina el problema ergonómico de base. Plantearlo sólo cuando la solución técnica es muy complicada o inexistente.

  1. Percepciones positivas de los usuarios

Evaluar subjetivamente el desempeño de la tarea con el exoesqueleto: si es cómodo, se ajusta bien, ayuda a reducir la fatiga, permite moverse libremente, etc.

  1. Reducción significativa de la carga física

Evaluar objetivamente sus prestaciones al desempeñar tareas reales con un protocolo contrastado de análisis: cómo se reparte el esfuerzo, qué aspectos biomecánicos mejora, no daña, no induce comportamientos imprevistos efectuando movimientos diferentes para los que ha sido específicamente diseñado, etc.

  1. Sin interferencias en el entorno ni en la calidad de los productos manufacturados

Valorar aspectos como su incidencia en el ritmo de producción y si su inversión merece la pena.

  1. Familiarización y seguimiento

Planificar periodos de entrenamiento y familiarización para hacerse con el dispositivo. Su uso debe ser voluntario y progresivo en el tiempo. Contemplar un seguimiento de la salud de los usuarios y de su desempeño.

Actualmente no hay información sobre el impacto a medio y largo plazo de los exoesqueletos en el puesto de trabajo. Es una tecnología exponencial que evoluciona constantemente. Tampoco existe todavía legislación ergonómica para regular su uso, aunque hay países como Francia que ya disponen de guías para la selección y análisis de estos dispositivos.

En un futuro cercano, además de optimizar sus prestaciones, los retos a los que se enfrentan los fabricantes de exoesqueletosincluyen mejorar su confort, reducir su peso, perfeccionar su mantenimiento para una mejor higiene o hacerlos más flexibles para adaptarlos a la persona como una segunda piel.

Ana Elvira Planas Lara

Comisión de Seguridad y Salud del COIIAR

Artículo publicado en CIC40

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