ABC – 30 de diciembre de 2019.- Hubo una época en la que Andalucía era una potencia industrial, dentro del retraso industrial que teníamos en España frente al verdadero protagonista de la revolución industrial que era Inglaterra. Había personas emprendedoras que arriesgaban su dinero en generar industria. Había también empresas extranjeras que venían a invertir en esta tierra llena de oportunidades, de gente maravillosa, muy trabajadora y volcada en su trabajo.

Fruto de esta época de esplendor se construyeron los primeros altos hornos de España (Sevilla y Málaga), el segundo ferrocarril de España (Cádiz), la primera fábrica de ensamblaje de automóviles Ford T de España (Cádiz) y tantos otros proyectos pioneros que apuntaban a Andalucía como una verdadera potencia industrial.

Luego, todo cayó. El latifundismo, el acomodamiento, la cultura del subsidio, la crisis de valores como el esfuerzo o la asunción de riesgos, y más recientemente, los mensajes de algunos responsables públicos de que la mejor política industrial es la que no existe, nos ha llevado a una situación en la que nuestro PIB industrial es uno de los más bajos de España, y Andalucía una de las regiones de Europa con menor producto interior bruto industrial. No hay que buscar culpables. Todos tenemos algo de responsabilidad en esta situcaión y ahora nos damos cuenta de que si hubiésemos tenido un tejido industrial que nos hubise aportado el 20% del PIB, en Andalucía el paro sería casi inexistente.

Es lo que pasa en las comunidades autónomas donde el PIB industrial está en esos índices, Si eso hubiese pasado, no tendríamos que ver a nuestros jóvenes de camareros en París o de recepcionistas en los hoteles de Londres como los he visto yo recientemente. No tendríamos que asumir que nuestros hijos se vean forzados a trabajar fuera de España porque no les quede otra salida. No tendríamos que ver cómo el 70% de los estudiantes que terminan una carrera de ingeniería tienen que marcharse de Andalucía y d ellos, el 50% fuera de España. ¿Volverán? A este ritmo, seguro que establecerán sus vidas en esos países y habremos perdido casi una generación completa de jóvenes que podrían haber levantado nuestra región.

Pero no todo está perdido. No todo si somos capaces de mirar con un horizonte más amplio; si somos capaces de pensar a dónde queremos llegar en el año 2030 para recuperar el talento expatriado y nos ponemos a trabajar inmediatamente para conseguir ese objetivo,

A mi entender, el primer paso que hay que dar es poner a la Industria en el estatus más elevado de la Administración de la Junta de Andalucía,y más en concreto, crear la imprescindible Consejería de Industria desde la que promocionar este sector dentro y fuera de Andalucía. Esta Consejería debería asumir las competencias en el desarrollo industrial de Andalucía, competencias que hoy por hoy están más en el área del medio ambiental y de ordenación del territorio (con leyes más restrictivas si cabe que las propias directivas europeas, que impiden el desarrollo de la industria de base).

Esa Consejería tendría que asumir también competencia sobre los costes energéticos para la industria, que están penalizando seriamente a la industria manufacturera andaluza frente a sus competidores de Francia y Alemania con costes inferiores en un 30% y un 40% respectivamente. Y, por supuesto, las competencias que nos van a permitir liderar la transformación digital del sector manufacturero andaluz precisamente con el apoyo del Colegio de Ingenieros Industriales, recientemente elegido por el Ministerio de Industria, Comercio y Turismo para llevar a cabo este proyecto. Y finalmente, con muchas más competencias que han quedado reflejadas en un documento titulado “Iniciativas para el progreso de Andalucía. Estrategias y actuaciones”, elaborado por la Asociación Superior de la Ingeniería Andaluza, donde han aportado ideas los nueve colegios de ingenieros superiores de Andalucía.

En definitiva, ahora que están los políticos pactando para formar un nuevo gobierno en Andalucía, les animo a que hagan una reflexión sobre la necesidad de crear una consejería de Industria para potenciar durante los próximos quince años este sector estratégico en Andalucía, y adoptar esta política como prioritaria para el futuro de nuestra región. De no ser así, muchos tomaremos buena nota de quiénes han sido los responsables de que Andalucía siga estancada en el retraso, no genere empleo cualificado y estable y, lo que más duele, muchas familias veamos cómo nuestros hijos se marcharon un día y nunca más tuvieron oportunidad para volver.

Aurelio Azaña, Decano del Colegio Oficial de Ingenieros Industriales de Andalucía Occidental

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